Los pies en el suelo
04/07/2011 Víctor J. Hernández Bru
Mal que me pese, uno empieza a tener ya muchas cosas que contar, por aquello de haberlas vivido si no de todos, al menos sí de muchos colores. Y en esto del balón, la desgracia ha metido en mi memoria, flaca y corta pero a veces suficiente, demasiados testimonios de proyectos rotos, truncados, malditos y muertos.
Y en todos ellos, un testimonio común: el testimonio del despilfarro, de la alegría desmedida, del País de las Maravillas, de los atmosféricos castillos y de los varios palmos sobre el suelo.
He visto, he sentido, caer proyectos que soñaban con hablar idiomas, que prometían llenar recintos deportivos, que tenían amigos por todas partes y que se habían fabricado una matricula propia con el lema de ‘invencibles’.
Y en todos ellos, un denominador común: la falta de previsión, los cantos de sirena, las cuentas en el aire y la bisoñez económica por bandera.
He visto a presidentes pasar de los grandes palcos a la limosna; a entrenadores cambiar las fastuosas presentaciones por los encierros; a jugadores transitar de la adoración a la persecución, del lujo a las manifestaciones declamatorias de sueldos y fichas.
Y en todos ellos, siempre lo mismo: alguien que no casó gastos e ingresos, alguien que no hizo un plan de negocio, una cuenta de resultados, una mísera ‘cuenta de la vieja’.
Por eso, con todo, con fallos y con errores, con pros y contras, en mitad de esta vorágine de números rojos, a la UD Almería y a sus dirigentes hemos de agradecerles que las cuentas estén donde deben estar; que los proyectos tomen tierra y se confeccionen en función de los apoyos públicos del equipo y que el club sea más o menos una empresa que se rija con los criterios de una empresa.
