Una mujer con gafas, grita

Una mujer con gafas, grita

Hace ya más de un siglo Sigmund Freud creó el concepto de orgasmo “clitorial” y “orgasmo vaginal” para referirse al orgasmo alcanzado por la mujer a través de la estimulación del clítoris y el orgasmo alcanzado por medio del coito. No solo se creó la idea de dos orgasmos, sino que se generó la idea de que el orgasmo clitoriano era una manifestación infantil mientras que el orgasmo vaginal era una manifestación madura y adulta. Esto consolidó la idea de que la sexualidad femenina, necesitaba para madurar, el concurso de un pene –de ahí, lo de la envidia del pene- y de un coito.

En la década de los 60, Master y Johnson, echaron por tierra y concluyeron que sólo hay una tipo de orgasmo, el cual es mucho más posible alcanzar mediante la estimulación directa o indirecta del clítoris.

Más tarde en 1982 A.K. Ladas, B. Whipple y J.D. Perry popularizan el punto G, como una zona situada entre la vagina y la uretra, cuyo estímulo puede conducir al orgasmo femenino.

Claro, a todo esto, los varones enloquecidos no sabiendo muy bien donde tocar, para que suene la “flauta anhelada” que conduzca al orgasmo a la mujer y le haga sentirse triunfadores. Unos empeñados en lo de la vagina y el coito, otros buscando el punto G y pocos centrados en el clítoris.

Por último Barry Komisaruk y Alan Riley afirman, después de sus investigaciones, que “algunas mujeres cuando están completamente solas pueden llegar a un orgasmo con sólo fantasías y pensamientos, sin necesidad de ningún contacto físico”. ¡Qué pensaría Freud de ellas! Sin pene, sin coito y además ¡sin manos!

¿Dónde queda eso de que no hay mujer frígida, sino hombre inexperto?

Está claro, de que los hombres nos deberíamos ocupar más de nuestra sexualidad y pensar que las mujeres tienen la suya, y no somos imprescindibles para su placer. De esa forma los encuentros con ellas serán más fructíferos